Peligro: mujeres leyendo

Foto por José Del Rivero

Años atrás, una mujer que leía en silencio resultaba una amenaza, tenía una connotación negativa

Por Laura Castellanos 

Siempre me ha llamado la atención que tantos artistas hubieran plasmado a mujeres leyendo para crear pinturas que nos trasmiten paz. Pintores como Claude Monet, Renoir, Sir Thomas Lawrence, Matisse y Rembrandt se inspiraron en una mujer, joven o anciana, rica o pobre, con un libro en la mano. Sin embargo, años atrás, una mujer que leía en silencio resultaba una amenaza, tenía una connotación negativa.

Quizá para darnos una idea de lo que esto presuponía podemos pensar en lo que muchos padres experimentan hoy cuando sus hijos pasan horas en los videojuegos. ¿Pero por qué leer simbolizaba algo tan malo? Analicemos algunas razones.

Leer siempre se ha considerado como una actividad ociosa.

—¿Qué hace, Rosalía?

—Nada. Está leyendo.

¿Nada? Leer implica usar diferentes partes del cerebro y más neuronas que ver televisión. Cuando leemos usamos distintos circuitos neuronales, esto involucra cambio y crecimiento. Además, la lectura mejora la conectividad entre varios circuitos de nuestro cerebro y leer una novela puede mantener esta «conectividad» aun después de terminado el libro. Leer no es ocio, es trabajo.

Se puede leer en cualquier lugar, y al leer podemos identificarnos con ser un hombre o un caballo, una liebre o un hobbit y estar en pleno siglo XX o en el XII. Cuando uno lee, uno es transformado. Leer trae cambios a nuestra vida. 

Si uno tiene un cónyuge o un padre celoso, leer puede ser amenazante. No comprenden esas sonrisas a medias, esos suspiros, esas lágrimas repentinas que surgen mientras estamos leyendo. 

Por otro lado, la lectura es una actividad independiente y eso también puede ser preocupante. 

Propongo que hay una mujer que es indispensable en nuestro mundo actual: la mujer que lee para cambiar.

El libro por excelencia es la Biblia y no debe faltar en ningún hogar. Pero no es suficiente tenerla en el librero, es crucial leerla ya que la Palabra de Dios nos transforma desde lo más profundo. 

Muchas leemos por el simple gusto de hacerlo. También podemos leer para escapar, para olvidar, para pasar el tiempo. Algunas leemos para empatizar con otros, para aprender de otros y para entender mejor a los demás. ¿Y qué de aquellas que leemos para mejorar nuestro carácter, para ser mejores madres, para ir más allá de las fronteras?

En conclusión, una mujer que lee es alguien que se caracteriza porque su cerebro funciona bastante bien, adquiere opinión, almacena conocimiento, amplía sus horizontes y está mejor preparada para seguir adelante. 

¡Leamos entonces!  

SUGERENCIAS DE BUENOS LIBROS

Cada país tiene su lista de libros icónicos que se deben leer. Aquí presentamos algunos libros favoritos del equipo editorial de Milamex, la lista puede ser interminable. 

El progreso del peregrino, John Bunyan 

Cristianismo básico, John Stott 

Mero cristianismo, C.S. Lewis

Cartas de un diablo a su sobrino, C.S. Lewis

Lo pequeño es hermoso, Dietrich Bonhoeffer

Llegando a ser yo misma, Stasi Eldredge 

Mentiras que las mujeres creen, Nancy De Moss 

Pasión y pureza, Elisabeth Elliot 

Peregrina, Keila Ochoa

Palomas, Keila Ochoa

El Señor de los anillos, JRR Tolkien.   

Las crónicas de Narnia, CS Lewis 

Amor Redentor, Francine Rivers

La Biblia que Jesús leyó, Philip Yancey

Espiritualidad emocionalmente sana, Peter Scazzero

La ladrona de libros, Marcus Zusak

Orgullo y prejuicio,  Jane Austen  

Mujercitas, Louisa M. Alcott 

Hombrecitos, Louisa M. Alcott

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

1984, George Orwell

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra

Los hijos del capitán Grant, Trilogía de Julio Verne 

Guerra y paz,  Leo Tolstoy

Cumbres borrascosas, Emily Brontë

Jane Eyre, Charlotte Brontë

Los Miserables, Victor Hugo

Ben Hur, Lewis Wallace

La isla del tesoro, Robert Louise Stevenson


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