Después de la media noche y el esposo no ha llegado

Foto por Diana Gómez

Foto por Diana Gómez

Si no fuera porque puedo hablar contigo ya estaría histérica

Por Elisabeth F. de Isáis

Adaptado de Revista Prisma 

La hora avanza, los niños se han dormido por fin, la cocina brilla de limpio, la señora quiere dormir y el esposo no aparece. La pobre mujer no sabe qué pensar: ¿un accidente? ¿un problema en el trabajo? ¿una enfermedad repentina? ¿un asalto? 

O quizá sí sabe porque ya ha pasado antes. Tal vez sabe que en unas horas llegará ebrio, apenas pudiendo sostener las llaves, con olor a alcohol y disculpas que ya no significan nada. Es posible que ésta no sea la primera noche de espera, sino una más de tantas. (Si reconoces este patrón, es importante identificar las señales de alcoholismo y saber cómo responder).

Sea cual sea la razón de la ausencia (conocida o desconocida) en lugar de dormirse, la mujer se despierta cada vez más. Es inútil acostarse y cerrar los ojos; más y más adrenalina se acumula en su cuerpo. Repasa mentalmente las posibilidades y sabe que cada una es peor que la otra. Pero tiene que haber alguna solución, algo qué hacer en lugar de morderse las uñas y dejar que la ansiedad la consuma.

Sí, hay algo que hacer. Muy sencillo en teoría, difícil en la práctica: calmarse y esperar.

Puede sonar demasiado fácil e irreal pero, en realidad, es la única posibilidad sensata. La única solución es esperar. Pero no de cualquier manera.

La clave está en cómo espera la mujer. Todo el desenlace de esta crisis (y las que vendrán) depende de la actitud que ella adopte en estas horas oscuras. Su salud mental, su capacidad de enfrentar el día siguiente con los hijos, su cordura misma, dependen de las decisiones que tome en este momento. Hay varias posibilidades:

Primero: La espiral de la desesperación

Desesperarse más y más con cada minuto que pasa, revisando con obsesión el teléfono, imaginando escenarios cada vez peores, recordando todas las terribles historias que ha escuchado de amigas decepcionadas o de tragedias familiares.

Esta actitud produce un estado total de nervios, insomnio y puede desencadenar decisiones precipitadas tomadas desde el resentimiento y el agotamiento. El resultado: un desastre para la familia y para la mujer misma. Se debe recordar que al casarse, planeó construir un matrimonio duradero, ¿verdad?; y que las decisiones más importantes no deben tomarse a las tres de la mañana con los nervios destrozados.

Cuando se sabe o se sospecha que el esposo está bebiendo, la tentación de caer en esta espiral es aún mayor. El enojo, la impotencia y el resentimiento pueden consumir la mente. Sin embargo, entregarse a ese torbellino emocional no ayudará a nadie y dejará a la mujer exhausta para enfrentar lo que venga al día siguiente.

Segundo: Ocupar la mente y las manos con propósito

Distraerse con algo provechoso. Debe ser algo que edifique, no que destruya. Las redes sociales y la navegación sin rumbo en internet no son recomendables, ya que muchas veces aumentan la tensión y roban la paz en lugar de darla. 

Más bien se recomiendan las siguientes ideas:

1. Leer o releer un buen libro, sobre todo si usted sabe cómo perderse en la lectura y aprovecharla al máximo. Cuando por fin aparezca el marido—en el estado que sea—usted habrá alimentado su alma en lugar de haberla envenenado con pensamientos destructivos.

2. Escribir. Quizá un mensaje de ánimo a alguien que está pasando por dificultades y que necesita saber que no está sola. O en un diario personal donde pueda procesar con honestidad lo que está viviendo. El acto de escribir ordena el pensamiento y calma el espíritu.

3. Poner orden en algún rincón de la casa que ha estado postergando. No se trata de limpiar frenéticamente, sino de hacer algo productivo con sus manos. Organizar un cajón, ordenar fotografías, arreglar el área de trabajo. Mientras tanto, escuche música de adoración o algún mensaje edificante (en volumen moderado o con audífonos). 

4. Preparar algo para el día siguiente que facilite la vida de su familia: preparar los ingredientes del desayuno, dejar lista la ropa de los niños, adelantar alguna tarea doméstica. Servir a los suyos, incluso a esas horas, tiene un efecto terapéutico inesperado. No es negación de la realidad; es elegir ser productiva en medio de la impotencia.

5. Trabajar en algo creativo: tejer, bordar, dibujar, o cualquier proyecto manual que tenga pendiente. Poner las manos en algo tangible y ver un resultado concreto tiene un efecto calmante para el alma atribulada.

Cualquier mujer tiene proyectos y listas mentales de cosas que quiere hacer «algún día». Bueno, ya llegó el día, aunque no como se esperaba. Pero cuide sus pensamientos mientras trabaja, que sean para bien y no para mal. 

Tercero: Buscar la única fuente verdadera de calma

Aquí está la mejor sugerencia de todas. Hasta ahora nada se ha dicho de pedir la ayuda divina para hallar la calma y la fuerza necesarias para esperar con cordura. ¿Cómo hacerlo? No es nada difícil:

Seamos honestas: mantenerse cuerda en estas circunstancias es humanamente imposible. En especial cuando se sabe que el esposo está bebiendo otra vez, cuando se anticipa el estado en que llegará, cuando se teme por su seguridad pero también se siente un enojo justificado por su irresponsabilidad. La tentación de desmoronarse es abrumadora.

Por eso necesitamos la ayuda que viene de más alto. 

1. Pedir en voz audible a Dios, en nombre de Jesucristo, que por medio de su Espíritu Santo envíe la calma a su corazón. Nombre específicamente lo que está sintiendo: «Señor, estoy aterrada. Estoy enojada. Estoy agotada de esperar. Necesito tu paz porque la mía se acabó». En menos tiempo del que usted hubiera pensado, sentirá una paz que sobrepasa todo entendimiento, como lo promete Filipenses 4:7. Jesucristo nos ha prometido esa ayuda específica para momentos como estos. Usted puede confiar en Él para cuidar a su esposo y para darle a usted la cordura que necesita, sea cual sea el desenlace de esta noche.

2. Leer la Biblia, en especial los Salmos (que están llenos del clamor de personas desesperadas que encontraron a Dios en medio de la crisis), o alguna otra parte como los Evangelios. Si lee con papel y lápiz en mano es mejor, procurando sacar las ideas principales de cada pasaje, el mensaje de Dios para su vida en este momento específico, alguna promesa a la cual aferrarse. Es increíble experimentar cómo la lectura de la Palabra de Dios calma el espíritu y conforta el alma incluso cuando las circunstancias no han cambiado.

3. Orar por su esposo con sinceridad radical. Abrir el corazón a Dios: «Señor, cuídalo aunque yo esté furiosa con él. No permitas que se haga daño o dañe a otros. Y si es necesario que algo le pase para que despierte a su realidad, que sea según tu voluntad y no según mi miedo». Esta clase de oración: difícil y dolorosa pero honesta, mantiene el corazón conectado con Dios en lugar de permitir que el resentimiento eche raíces profundas.

La verdad dura pero liberadora

En cualquier matrimonio habrá momentos difíciles de espera. Algunos matrimonios enfrentarán noches como éstas con más frecuencia que otros. Algunas mujeres esperarán sin saber qué pasó; otras esperarán sabiendo exactamente qué está pasando y sintiendo la impotencia de no poder controlarlo.

Pero con los métodos aquí delineados cada mujer puede atravesar estas noches sin perder la cordura que necesitará para el día siguiente.

De eso se trata: de mantenerse cuerda y no permitir que la ansiedad la destruya. De llegar al amanecer con suficiente fortaleza para enfrentar lo que venga, ya sea la explicación tranquilizadora de un retraso inocente o la realidad difícil de un problema que requerirá decisiones valientes.

Cuando el marido llegue estará en condiciones de responder con la cabeza clara, puesto que habrá preservado algo precioso: su capacidad de discernir qué hacer a continuación.

Esa cordura, mantenida de manera sobrenatural en medio del caos, vale más que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho durante esas horas oscuras.

*** 

Dorcas vivió cientos de noches como esta. Hoy, después de más de 20 años de sobriedad de su esposo, comparte su testimonio de restauración para dar esperanza a quienes atraviesan esta batalla.


Tal vez también te interese leer:

¿Quieres el control?    (Toma el control de lo que te corresponde)

Un sí verdadero   (Practícalo en el matrimonio)

¿Cómo cultivar tu matrimonio?   (Consejos probados)

Algunas consecuencias de la infidelidad  (Toma tus precauciones)

El marido ideal     (Velo como un test y descubre qué te hace falta)

Fiel como el árbol   (Cualidad importante para el matrimonio)

Consejos para un matrimonio bicultural    (Seguir los consejos nos allana el camino)

Oración por los esposos    (Seamos la ayuda idónea)

Chocolate amargo    (Descubre qué relación tiene esto con el matrimonio)

Mi esposo no habla conmigo    (¿Cómo lo resolvieron?)

10 cosas que aprendí en mi primer año de matrimonio    (Los consejos preventivos, siempre son útiles)

Esposa o mamá de mi marido     (Investiga si te comportas como la mamá en tu relación de matrimonio)

Anterior
Anterior

Solamente soy...

Siguiente
Siguiente

Seis grandes logros de Martín Lutero