Cristianos bonsái

Foto por Diana Gómez

¿Soy un cristiano auténtico o un cristiano bonsái?

Por Sally Isáis

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que hace que un bonsái se mantenga con vida? Son ejemplares de árboles de todo tipo, que crecen en una maceta o recipiente pequeño. A las raíces, ramas y hojas se les somete a un proceso de corte para lograr que la planta sea lo más parecida al original, pero en miniatura. 

Inició como una práctica de horticultura en China, que más adelante se desarrolló y perfeccionó con los japoneses. El conjunto de técnicas bonsái se ha convertido en todo un arte.

Los bonsái son bellos, valiosos y excelentes regalos. En gran medida, su secreto radica en que crecen en un ambiente muy controlado por el hombre. Los creadores de estos árboles ejercen una cuidadosa labor diaria para que nada se salga de lo habitual y sigan vivos por mucho tiempo. Miden desde tres centímetros hasta dos metros de altura, como el Imperial.

El propósito es producir un árbol enano y artístico, que parezca natural, con suficientes rasgos para sugerir cómo se vería si creciera a su tamaño normal y sin dejar rastro visible de quién lo diseñó.

El problema es que, si algo cambia en el ambiente controlado del bonsái, lo más probable es que no sobreviva. Si llega un viento fuerte, se cae; si no se riega lo suficiente, se seca. Requiere de un constante cuidado. ¿Por qué? La razón principal es que le falta la raíz profunda que ofrece estabilidad, agua, alimentación, protección y solidez, entre otras cosas. 

A diferencia del bonsái, existen hermosos y enormes árboles que viven en lugares inhóspitos, pero cuyas raíces grandes y profundas los mantienen verdes, frondosos y sólidos.  

Algunos cristianos son tipo bonsái. Se ven como un creyente maduro que ha crecido en su fe, pero no tienen raíces profundas. Si algo cambia en su situación de vida, se doblan. No se nota quién es su Creador ni Señor y necesitan que todo vaya viento en popa para ser felices. 

Aunque han tenido la bendición y el toque de Dios en su vida, no han crecido ni en profundidad, ni en altura. Son creyentes, que quizá se ven lindos y sanos por fuera, pero por dentro están raquíticos. 

Para tener raíces fuertes, profundas y duraderas es necesario:

  1. ejercitar la fe, 

  2. leer y estudiar la Biblia, 

  3. orar, 

  4. congregarse para tener el apoyo y la comunión con otros creyentes, 

  5. tener tiempos regulares de intimidad con Dios. Hablar con Él y escucharlo, y 

  6. siempre obedecerlo, sin importar lo difícil o imposible que parezca. 

Los tiempos de prueba con seguridad vendrán y los vientos azotarán nuestra vida, pero si buscamos con sinceridad y disciplina a nuestro Dios, esas tribulaciones también nos ayudarán a enraizarnos más en el Señor. 

La pregunta obligada es entonces: ¿Soy un cristiano auténtico o un cristiano bonsái?  


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