Retroceder el tiempo
Serie Ciencia ficción y la Biblia
Por Estrella Sosa
¿Se puede retroceder el tiempo?
Existen historias que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Viajes en el tiempo, cambios súbitos en el destino y segundos que retroceden como si el universo diera marcha atrás.
¿Te imaginas si los viajes en el tiempo fueran reales? La verdad, por el bien de la humanidad, no me confiaría a mí misma el poder de hacerlo. Es más probable que inicie la tercera guerra mundial en 1990 a que logre ganar la lotería. O tal vez si, como en las películas, supiera que estoy a las puertas de una muerte inminente, intentaría hacer todo lo posible para evitarla.
Si en verdad pudiéramos lograr que el tiempo volviera días, horas o años, ¿qué cambiaríamos?
La historia de Ezequías: cuando Dios cambió el destino
Hubo un hombre en la Biblia que logró cambiar su destino en el tiempo. En el libro de Isaías capítulo 38 se nos relata la historia del rey Ezequías, quien estaba enfermo de gravedad cuando se le anunció el día exacto de su muerte.
El mismo Isaías se encargó de notificar al rey: «Dios dice que vas a morir, así que arregla todos tus asuntos familiares más importantes» (v.1). La muerte era inminente, no había duda. Por lo tanto, Ezequías escondió su rostro para orar por misericordia y llorar amargamente.
En términos de tiempo, Ezequías no podía hacer nada, ni detener ni retroceder el reloj. Su vida iba en picada hacia la tumba.
Sin embargo, aunque la tristeza lo abrumaba, el rey hizo algo que yo no puedo presumir que haría en caso de estar en la misma situación. Su primera inclinación fue orar. Aunque todo estuviera perdido, aunque el reloj no retrocediera, aunque fuera demasiado tarde.
Después de haber llorado e implorado la misericordia de Dios, Isaías es enviado a consolar al rey: «Vuelve y dile al rey Ezequías, que yo, el Dios de su antepasado David, he escuchado su oración y he visto sus lágrimas. Dile que yo lo sanaré, y que voy a darle quince años más de vida» (v. 5).
Además de esto el Señor también le prometió a Ezequías y al pueblo de Jerusalén que serían salvos de las manos de Asiria.
Dios escuchó a Ezequías, tal como nos escucha a nosotros, cuando clamamos, cuando oramos, incluso cuando lloramos. Él nos escucha y nos responde.
Dios jamás nos ignora. Él puede decir que «no», puede decir que esperemos o puede decir que «sí», pero siempre está atento a nuestra voz. Incluso cuando nadie más lo hace. Incluso cuando estamos equivocados, confundidos y el reloj no avanza ni retrocede.
Sí, Él nos escucha. Su oído siempre está atento a nuestros clamores.
Nunca es demasiado tarde
Dios controla el tiempo. Para él, nunca es demasiado tarde. El libro de 2 Reyes capítulo 20 cuenta la misma historia de la enfermedad de Ezequías. Sin embargo, aquí se especifica que el rey pidió a Dios una señal para asegurarse de que sanaría y de que podría regresar al templo a adorarlo.
Dios se la concedió: Isaías le preguntó al rey si preferiría que la sombra avanzara o retrocediera. A lo que Ezequías contestó: «Que la sombra se adelante es fácil. Lo difícil es que retroceda. Prefiero que retroceda diez grados» (v. 10).
Y de repente, sucedió. «Dios hizo que la sombra retrocediera diez grados en el reloj de Acaz» (v. 11).
Cada grado en este reloj equivalía a 4 minutos, por lo que Ezequías volvió cuarenta minutos en el tiempo. No sabemos si fue sólo el rey o todo el mundo quien retrocedió. No obstante, la Escritura lo deja claro: el tiempo se movió.
Y ¿por qué cuarenta? Porque el número cuarenta es símbolo de prueba. Cuarenta días de diluvio para Noé. Cuarenta días de ayuno antes de la tentación de Jesús. Cuarenta años en el desierto para Israel.
Dios no sólo le dio más tiempo a Ezequías, le dio además una advertencia silenciosa: «Estás a prueba. Haz que cada segundo cuente».
El Dios que gobierna el tiempo
A diario cometemos errores que no podemos cambiar o perdemos oportunidades que no volverán. Siempre hay un comentario que deseaste no haber hecho, un «te amo» que fue dicho demasiado tarde o decisiones que deseas haber tomado de diferente.
El reloj sigue, el tiempo avanza. Cada día nos enfrentamos a pruebas y decisiones que no podemos evitar.
Sin embargo, Dios nos dice: «Ora sin importar que todo parezca perdido. Nunca es demasiado tarde». Nos afirma: «Yo te escucho y te responderé»
Sólo tenemos que intentarlo. Dios es el dueño del tiempo, Él puede reescribir la historia. Dios no siempre retrocederá el reloj, pero si oramos, Él se moverá, y eso es suficiente.
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