¿Envidia en la iglesia?
7 señales de que luchas con este pecado oculto
Por Johanna Ochoa
¿Qué es la envidia espiritual y cómo se manifiesta entre cristianos?
¿Te molesta o entristece que otros reciban el cariño o la atención que tú anhelas?
¿Tienes la necesidad de «corregir» o «supervisar» lo que hace otro líder, no por amor, sino porque piensas que tú lo harías mejor?
Si al leer estas preguntas sentiste un pequeño «sí» en el corazón, este artículo es para ti.
Puede ser difícil de creer que el sentimiento de la envidia se manifieste dentro de la iglesia, sin embargo, es posible. Aun como creyentes, seguimos en una lucha diaria contra nuestra carne. Y una de sus formas más disfrazadas es la envidia espiritual.
La envidia puede vestirse de «servicio», «pasión por el ministerio» o «buen testimonio». Pero en el fondo, es la misma raíz de pecado que ha existido desde Caín.
La historia de Caín: el primer caso de envidia en la Biblia
Caín le presentó una ofrenda a Dios, fruto de su trabajo. En apariencia, ofreció lo mismo que su hermano Abel, pero cuando Dios se agradó más de la ofrenda de Abel, Caín se encendió en furia y envidia. Dios conocía su corazón y le dio una seria advertencia:
«Entonces Dios le preguntó a Caín: “¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!”» (Génesis 4:6-7, TLA).
Caín rechazó el consejo de Dios y cometió el primer asesinato, un acto atroz. No es un asunto menor, sus consecuencias son terribles. Es una alarma que no debemos ignorar.
El apóstol Pablo fue claro con respecto a esto. En Gálatas menciona entre las obras de la carne, la envidia y añade de manera enfática: «…Les advierto, como ya lo había hecho antes, que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios» (Gálatas 5:21b).
7 Actitudes que revelan envidia en el corazón del creyente
Veamos 7 actitudes que tratan de disfrazar de piedad la envidia en nuestros corazones:
1. Nos incomoda el éxito de otros creyentes
Cuando vemos que otro crece, que recibe palabras de afirmación o que su ministerio avanza, en vez de alegrarnos de corazón, sentimos molestia, celos o incluso tristeza.
Pensamos que «no lo merece tanto» o que «yo lo haría mejor». En vez de celebrar, competimos en silencio. ¡Cuidado! La comparación es tierra fértil para la envidia.
2. Saboteamos de forma pasiva el liderazgo de otro
Puede que no lo digamos en voz alta, pero cuestionamos sus decisiones, hacemos comentarios pasivo agresivos o generamos dudas entre otros hermanos sobre las capacidades del nuevo líder.
3. No agradecemos por lo que tenemos
La envidia nace en un corazón que no valora lo que tiene. Cuando dejamos de agradecer por nuestros dones, nuestro proceso y nuestro servicio, es más fácil victimizarse y sentir que los demás tienen más y mejores bendiciones.
4. Disfrutamos en secreto cuando al otro le va mal
Es duro admitirlo, pero a veces nos alegramos cuando el que era «mejor que nosotros» tropieza.
Causa cierta satisfacción el saber que las metas de nuestro hermano o hermana no se llevaron a cabo. Estamos más al pendiente de los errores que cometa en su servicio que en gozarnos de sus triunfos y lo que éstos añaden al cuerpo de Cristo. Esto causa un alivio enfermizo que revela una batalla espiritual no resuelta.
5. Imitamos a otros no por inspiración, sino por comparación
Cuando nos apuntamos al mismo ministerio que otra persona, cuando buscamos relacionarnos con otros emulando a alguien más sólo porque queremos lo que esa persona tiene (afirmación, atención, influencia, entre otros), no estamos reflejando a Jesús sino siguiendo a nuestra carne disfrazada de celo espiritual.
6. Intervenimos cuando otros crecen
Cuando un hermano asume una responsabilidad en la iglesia y nosotros no podemos evitar decirle qué hacer, cómo hacerlo para que las cosas funcionen bien, puede que no estemos «ayudando» sino demostrando que nos molesta no estar en su lugar, aunque lo disfracemos con piedad o preocupación porque las cosas se hagan de la mejor manera.
7. Servimos motivados por el reconocimiento, no por el amor
La motivación detrás de muchas acciones puede ser el reconocimiento. Si no estamos dispuestos a hacer lo mismo en silencio y en privado, sin aplausos ni agradecimientos, quizá no estamos sirviendo al Señor sino a nuestro ego.
¿Cómo vencer la envidia espiritual?
Lo primero es admitir que estamos batallando con la envidia. Reconocer que por más mínimo que sea, es pecado a los ojos de nuestro Señor y que no podemos ignorarlo. No hay «envidia de la buena», así que no normalicemos este pecado.
Si te viste reflejado en una o varias de estas señales, no es momento de condenarte, sino de correr a Jesús. Él ya cargó con esa envidia en la cruz y sólo con la ayuda del Espíritu Santo puedes vencerla.
Sé honesto con Jesus, Él conoce tus luchas y tus sentimientos más oscuros y ocultos. Sólo Él tiene poder para transformarte. Su gracia es suficiente para enfrentar tus sentimientos más oscuros, traerlos a la luz y redimirlos.
Ora y pide a Dios que te ayude a cultivar un corazón agradecido con lo que tienes: tu servicio, tus dones y talentos. Que te dé un corazón que se alegra cuando otros crecen, que apoya, que impulsa, que bendice, que edifica, y que sabe que en el Reino no se trata de quién brilla más sino de engrandecer juntos la gloria de Dios.
7 señales de que luchas con este pecado oculto