Beneficios de leer ficción en la adolescencia
¿Cuáles son estos?
Por Andrea Viveros Mendoza
Una etapa que necesita buenas historias
La adolescencia es una etapa intensa. Los jóvenes buscan respuestas acerca de quiénes son, qué creen y qué quieren llegar a ser. En medio de tanta información, redes sociales y distracciones, leer ficción puede ser una forma poderosa de conectar con ellos. Las historias tocan algo que las reglas o los sermones no hacen durante esta edad: el corazón y la imaginación.
Cuando un adolescente se sumerge en una historia, ya sea una aventura en otro mundo, una trama o un relato fantástico, no solo está entreteniéndose: está aprendiendo sobre el bien y el mal, sobre decisiones difíciles y sobre cómo se construyen o se pierden los valores.
Lo que dice la psicología y la educación
La ficción desarrolla empatía
Varios estudios han mostrado que leer historias de personajes complejos mejora la capacidad de «ponerse en el lugar del otro». Según un estudio publicado por la Edge Hill University (Reino Unido, 2021), los adolescentes que leen ficción con regularidad tienden a mostrar más comprensión emocional y habilidades sociales más fuertes.
Esto impactará en su capacidad de establecer relaciones que les aporten cosas buenas, así como a su capacidad de ser buenos amigos para otros.
Ayuda a reflexionar sobre la moral
Las buenas historias plantean dilemas éticos como decir la verdad aunque duela, arriesgarse por un amigo o resistirse a la tentación del poder.
En lugar de sermonear, los libros invitan a pensar. Investigaciones en psicología publicadas en Journal of Moral Education, muestran que los jóvenes que leen ficción desarrollan una brújula moral más sólida, al reflexionar sobre las consecuencias de las decisiones de los personajes.
Por ejemplo, en El Señor de los Anillos, Frodo se enfrenta a la decisión de mostrar compasión hacia Gollum, una criatura que lo ha traicionado y representa una amenaza constante. Aunque sería más fácil y seguro eliminarlo, Frodo elige la misericordia. Esa elección refleja un dilema moral profundo sobre la compasión, el perdón y el valor de toda vida. A través de situaciones como esa, los lectores se preguntan qué harían ellos en su lugar y aprenden que la verdadera valentía muchas veces implica elegir la bondad incluso cuando parezca peligroso o poco práctico.
En El dador de recuerdos, Jonas descubre que su comunidad ha eliminado el dolor y las emociones para no tener libertad y mantener un falso equilibrio. Cuando comprende el costo moral de vivir sin elegir, decide huir para devolver a las personas la capacidad de sentir y decidir por sí mismas. Mostrando a los lectores sobre responsabilidad personal y el valor de defender lo correcto aunque suponga ir contra la mayoría.
Fomenta el pensamiento crítico y el autoconocimiento
Leer ficción entrena la mente. Exige imaginar, conectar causas y efectos, y analizar comportamientos. Además, los adolescentes suelen identificarse con los protagonistas y se preguntan «¿qué haría yo en su lugar?». Esa introspección fortalece su identidad y confianza.
Mejora el bienestar emocional
Un estudio de la National Literacy Trust mostró que los adolescentes que leen por placer reportan menor estrés y mayor optimismo. La lectura se vuelve una forma saludable de canalizar emociones y encontrar esperanza. En especial en etapas de cambio como lo suele ser la pubertad.
Historias que enseñan sin imponer
Los libros de ficción tienen una ventaja: enseñan valores sin decir «esta es la lección». Un héroe que actúa con coraje o compasión deja huella porque el lector lo siente, no porque se lo diga.
Por eso, los padres que animan a sus hijos a leer no sólo están fomentando un hábito cultural, sino ayudándoles a descubrir, a través de los personajes, qué tipo de persona quieren ser.
Vale la pena cuidar el tipo de historias. No se trata de censurar, sino de elegir lecturas con contenido que sume aventuras, fantasía o ficción que inspire, sin depender de violencia o temas demasiado adultos para transmitir profundidad.
Algunas recomendaciones para comenzar
Los clásicos siguen siendo clásicos por una razón. Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis y El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien ofrecen aventuras épicas que exploran temas profundos de sacrificio, amistad y valentía moral. Ana de las Tejas Verdes de L.M. Montgomery presenta una protagonista inolvidable cuyo crecimiento personal y optimismo contagioso han inspirado a generaciones de lectores jóvenes.
Para opciones contemporáneas que combinan aventura con valores sólidos, sagas como Mistborn de Brandon Sanderson muestran que se puede hablar de sacrificio, lealtad o esperanza sin recurrir al morbo ni al exceso.
Y si buscas historias escritas en español que conecten con la realidad de nuestros adolescentes latinoamericanos, te invito a conocer:
Guerreros de la luz: una novela de ficción juvenil que desafía a sus personajes a tomar decisiones difíciles entre lo fácil y lo correcto, y a descubrir quiénes quieren ser en medio de la batalla.
Bon Voyage: una historia de amistad y descubrimiento personal que acompaña a adolescentes en su camino hacia la madurez.
La Sobrina del Peregrino: una aventura que mezcla intriga histórica con lecciones sobre fe, identidad y propósito.
¿Cómo pueden fomentar este hábito los padres?
Modelar la lectura. Si los hijos ven a sus padres disfrutar de un libro, lo normalizan como parte de la vida diaria.
Preguntar y conversar, «¿Qué te gustó de ese personaje?» o «¿por qué crees que hizo eso?» abre espacio para charlas profundas sin que parezcan lecciones.
Ofrecer opciones variadas. Desde fantasía hasta historias contemporáneas, lo importante es que conecten con sus intereses y valores.
No forzar, acompañar. La lectura florece más cuando se comparte, no cuando se impone.
Mantener la mente abierta a los intereses personales que desarrollarán nuestros hijos.
Fomentar la lectura de ficción en adolescentes y adultos jóvenes no es sólo apoyar su educación es invertir en su formación como personas. Y al final, eso es justo lo que los padres más desean, que sus hijos crezcan con buenos valores, una mente curiosa y un corazón sensible.
Porque crecer necesita buenas historias
¿Cuáles son estos?