El flojo trabaja doble
Práctica la sabiduría de los abuelos
Por Sara Trejo de Hernández
Mi abuelita solía decir: «El flojo trabaja doble». Hoy recordé ese dicho. Quería meter el auto en el estacionamiento de la oficina, pero se encontraban unas bicicletas del lado izquierdo y no podía pasar bien, no calculé y con la llanta rompí la esquina de una banquetita que estaba del lado derecho y la llanta del auto se arruinó.
Con el estruendo, salieron mis compañeros y empezaron a decir: «Nos hubieras llamado para ayudarte o entrado más despacito o quitado las bicicletas». Ciertamente tenían razón, pero era demasiado tarde, ya había echado todo a perder.
Cómo resonaron las palabras de mi abuelita, y Dios las apoya cuando nos dice: «Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio» (Proverbios 6:6), porque a fin de cuentas se habría podido evitar el golpe si hubiera movido las bicicletas.
Lo único bueno de este mal momento fue que alguien con mucha empatía, me contó del día que rompió la toma del agua al meter el auto a su garaje. Mi amiga Sally mencionó lo poco trascendente que era el asunto, si lo comparábamos con que yo estaba bien. Es maravilloso que a pesar de los errores y metidas de pata, Dios me manda gente amorosa y dispuesta a ayudarme en los momentos difíciles de la existencia.
De todas formas, de ahora en adelante pondré en práctica la sabiduría de mi abuelita, en vez de evitar hacer las cosas que debo, porque: «el flojo trabaja doble».
Conmemorando el legado de Elisabeth F. de Isáis