Ya lo sabía

Foto por Cynthia Ramírez de Rodiles

No es suficiente saberlo, hay que ponerlo por obra

Por Samar Dutré 

Durante unos años fui maestra de español en secundaria. En cada grupo había un chico que cuando tocaba la clase sobre los acentos me decía: «Miss, eso ya me lo sé». Pero al preguntarle las reglas, realmente no lo sabía. Se lo habían enseñado muchas veces, pero no lo había aprendido. 

Como maestra lamentaba que mis alumnos no quisieran esforzarse, pero siendo honesta, soy igual que ellos. 

Cuando me dicen algunas cosas que no me gustan, no las pongo en práctica. Quizá pienso que no tienen sentido, no son útiles, no las necesito o simplemente no me agradan, por lo que no quiero esforzarme en aprenderlas y practicarlas.  

Hace quince años tuve una caída. A consecuencia de ella descubrí que tengo una hernia de disco en la espalda baja. El dolor era insoportable. Una amiga a la que habían operado de la columna me dijo: «Si te recomiendan bajar de peso, hacer ejercicio o lo que sea, hazlo. Lo mejor es evitar la cirugía». 

Después de esta plática el dolor cesó y dejé el consejo en el olvido. Subí de peso y no hice ejercicio. Como era de esperarse, las molestias regresaron. Cuando volví con el médico me recomendó: «Cuide su postura, baje de peso y haga ejercicio». Entonces pensé: «Eso ya lo sabía». Por desgracia no lo había hecho. 

A lo largo de la vida he recibido infinidad de sugerencias. No todas han sido buenas o aplicables y por supuesto no tengo que hacer todo lo que me dicen. Sin embargo, sí debí poner en práctica algunas de ellas. Saberlo, no es suficiente, hay que ponerlo por obra.  

La Escritura nos recomienda en (Proverbios 19:20): «Consigue todo el consejo y la instrucción que puedas, para que seas sabio por el resto de tu vida».  


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