Tips para la iglesia que quiere amar a las personas ciegas

Debemos salvaguardar la integridad física y emocional del ciego

Por Norma Márquez

Cuando el pastor de una iglesia numerosa me preguntó sobre cómo los miembros de su congregación podrían ayudar a las personas con discapacidad, en particular a los ciegos, me alegré mucho. Padezco ceguera, así que tengo una experiencia amplia y bastantes opiniones para compartir.

¿Qué le recomendé? 

En primer lugar, le dije que no abriera una clase especial para los que no pueden ver. Sería un fracaso, ya que es una forma más de tratar a los ciegos como si fueran invisibles, en lugar de tomarlos en cuenta e incluirlos como parte de la comunidad. Es necesario que toda la iglesia sea sensibilizada.

Se podría empezar mostrando ejemplos de discapacitados en la Biblia. Por ejemplo Pablo, a pesar de su problema visual, vivió de forma plena, dependiendo del Señor y logrando iniciar una maravillosa iglesia en el mundo conocido. Las culturas paganas de la antigüedad segregaban a los discapacitados por considerarlos inútiles, poco estéticos o por creer que estaban poseídos. Los vecinos de familias con un ciego opinaban que tener un hijo así era consecuencia de haber cometido un gran pecado.

Hasta los discípulos de Jesús, al ver a un hombre que nació sin ver, le preguntaron: «Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?» (Juan 9:2 NVI). Y Jesús respondió que ni él pecó ni sus padres, sino que era para que las obras de Dios se manifestaran en él.

Dios legisló el asunto de los ciegos. En Levítico 19:14 dice: «No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová». Debemos salvaguardar la integridad física y emocional del ciego, no poniéndole ningún obstáculo, ya sea físico, intelectual, laboral o emocional.

Otro texto relevante está en Jeremías 31:8. «He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos... en gran compañía volverán acá». Esto me enternece. Dios les anuncia que algún día los desterrados regresarán a Israel, y en ese grupo incluye a los ciegos y cojos como personas valiosas, porque para el Señor todos valen lo mismo.

También es importante analizar el pasaje de Éxodo 4:10-12: «Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! Nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar».

Al igual que Moisés, tener un encuentro personal con Jesucristo me ayudó muchísimo. Entendí que nosotros no somos de segunda o tercera, sino de primera, igual que todos. Para Dios no somos estorbos ni accidentes, sino seres completos creados para un fin específico. Le dije adiós al complejo de inferioridad desde que aprendí a verme como el Señor me ve.

En segundo lugar, además de implementar bases bíblicas en la iglesia respecto al tema, sugerí transmitir un documental sobre la discapacidad en el mundo. Somos aproximadamente el quince por ciento de la población, mil millones de personas (Banco Mundial 2021 https://www.bancomundial.org/es/topic/disability); en México,  el 16.5 por ciento, casi 21 millones personas (2020 INEGI https://dis-capacidad.com/2021/01/30/censo-2020-16-5-de-la-poblacion-en-mexico-son-personas-con-discapacidad/). En el caso de la ceguera, en México (Cámara de Diputados 2020 https://comunicacionnoticias.diputados.gob.mx/comunicacion/index.php/mesa/declaran-el-15-de-octubre-dia-nacional-de-las-personas-ciegas-y-con-otras-discapacidades-visuales#gsc.tab=0) existen más de 415,800 personas y en el mundo  38.5 millones (http://www.webmati.es/index.php?option=com_content&view=article&id=182:incremento-de-la-discapacidad-visual-a-nivel-mundial&catid=13&Itemid=160 OMS 2020). Otro gran recurso es la extraordinaria biografía de Helen Keller, quien nació sin poder ver ni oír, pero su maestra se comprometió a enseñarle de manera extraordinaria, logrando grandes avances. 

También debemos promover libros acerca de la ceguera o visitar personalmente una escuela para ciegos. Otras formas de apoyar serían: ayudarles de forma práctica: hacer sus compras, acompañarlos al médico, invitarlos al cine o teatro y describirles lo que no ven. También se les puede invitar a dar una conferencia o a dirigir un programa en la iglesia. Por lo menos, que comparta su testimonio de salvación.

Confieso que me molesta ir al médico o a alguna consulta y que el profesional haga las preguntas a mi acompañante. ¡Una vez mi hermano me llevó al médico y el doctor le preguntó a él si yo era regular en mi menstruación! El hecho de estar ciegos no significa que seamos retrasados mentales. En la iglesia no debemos replicar estas actitudes, valoremos la voz de los ciegos.

En México, el ex presidente Felipe Calderón promulgó en 2011 una nueva ley para la inclusión de personas con discapacidad en la residencia oficial de Los Pinos la cual fue aprobada en el Congreso de la Unión. Se llama la «Ley General para las Personas con Discapacidad». Me di a la tarea de leerla; contiene sesenta artículos y veintidós páginas y expresa muchas cosas bonitas, pero nada de carácter obligatorio ni sanciones para aquel que no las cumpla.

Dijo el ex presidente: «La ley ya está pero falta quizá lo más importante, un cambio cultural y mental de fondo en la sociedad, para verdaderamente incluir a este sector a los derechos que les corresponden». 

Tuve la bendición de cursar la universidad. No me querían admitir; luché todo un año para entrar. Me tocaron unos cuantos maestros buenos, conscientes, comprensivos, pero otros crueles e indiferentes. 

En ese tiempo podía leer un poco, aunque muy despacio, pero al no terminar los exámenes a tiempo me los recogían diciendo: «Si no puede, ¿qué está haciendo aquí?». No me describían un dibujo, ni repetían lo que escribían en el pizarrón. Todas las presentaciones digitales son imposibles para un ciego.

En cuanto al trato por parte de los compañeros, unos se burlaban de mí o eran indiferentes; pocos me ayudaron, pero me han contado que la situación ha mejorado. 

Ahora a nadie se le niega la entrada a una escuela. Y en muchas instituciones ya existe por lo menos una computadora parlante, han modificado sus edificios para las sillas de ruedas y todos los textos de primaria están impresos en braille. Algunos cambios parecidos se podrían hacer en las iglesias.

Nuestra sociedad ha sido fuertemente influida por la cultura que premia la belleza, la inteligencia, las habilidades o talentos, a tal grado que cuando ven a un hombre o mujer que no tiene alguna de sus extremidades, sentidos o limitaciones intelectuales, se sienten incómodos. No se atreven a platicar con nosotros o darnos un abrazo. 

Nuestra mayor necesidad es sentirnos amados, aceptados, valorados y abrazados, de forma literal y figurativa, por toda la iglesia.

Estos son diez puntos a tomar en cuenta al acercarse a un ciego:

1) No gritarnos como si fuéramos sordos. Nuestro problema son los ojos, no los oídos.

2) No llamarnos «cieguitos», en diminutivo. A un diabético no le dicen «diabetiquito».

3) Al dirigirse a nosotros, llamarnos por nuestro nombre o darnos un toquecito, así estaremos seguros de que nos hablan a nosotros.

4) Despedirse de nosotros, porque de otro modo no sabemos si siguen allí o no. No tratarnos como si fuéramos invisibles, ignorándonos al saludar solo a nuestro acompañante.

5) No acercarse preguntando: «¿Quién soy? ¿No te acuerdas de mí? ¡Haz memoria!». Mejor saludarnos diciendo: «Hola, Norma, soy Lisa».

6) No pedirnos que adivinemos el color de sus ojos o pelo o tez. Si atinamos el color correcto, dicen que somos listos;  si no, que somos tontos. ¡No tiene nada que ver!

7) Comunicarnos si nos van a ayudar, porque de otro modo no sabemos si la persona que nos cogió del brazo es un amigo o un ratero. Favor de no guiarnos con palabras, sino con el brazo. Nosotros debemos tomarles a ustedes del brazo, no ustedes tomarnos a nosotros.  De otro modo resulta que la persona ciega va por delante.

8) Hablarnos cuando nos quieren dar la mano. De otro modo no vemos y no respondemos, creando una situación incómoda.

9) Dejar totalmente abiertas o cerradas las puertas para que no nos golpeemos y procurar que los muebles permanezcan en un mismo lugar. Avisarnos si hubo algún cambio de acomodo.

10)  Recordar que somos personas tan normales como todos, solo con una pequeña desventaja. No todos somos héroes como Homero, Milton, Louis Braille, Helen Keller, Jorge Luis Borges, Andrea Boccelli o José Feliciano. En contraste, también es triste que nos estigmaticen como símbolos de ignorancia, debilidad, incapacidad, pobreza o confusión.

En cuanto a cómo nos llaman, es peyorativo decir minusválido o incapacitado, pues da el mensaje de que no servimos. No es correcto tampoco decir «personas con capacidades diferentes» porque todos tenemos capacidades diferentes, no solo los discapacitados. Lo mejor es decir «personas con alguna discapacidad».

Sí, son muchos consejos, pero nos bendecirán las iglesias que nos escuchen y los pongan en práctica. Lo agradeceremos mucho.

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