A todos los maestros en su día

¿Han sentido que nadie se da cuenta del valor de su vida y su dedicación?

Por Milamex

El magisterio es una de las mejores carreras del mundo, porque no se trabaja con números ni con papeles, ni siquiera con tela o fierros o alimentos, sino con la materia prima inigualable de la mente humana. Los niños pueden ser tiernos, exasperantes, cariñosos, rebeldes y muchas cosas más, pero nunca dejan de ser la esperanza del mañana, criaturas de Dios con todo el potencial del universo.

Es allí, en el aula, donde los maestros cristianos demuestran el amor y la paciencia del Señor en su modo de tratar a los pequeños, en la comprensión de los problemas y en su afán por impartirles los conocimientos básicos. 

En este día que celebramos a los maestros, recordamos estas palabras de la maestra Otilia Nieto en el día de su retiro de las aulas, las cuales capturan el deseo en el corazón de cada docente cristiano hasta el día de hoy: 

«Dentro del marco esplendoroso de este emotivo festival, escribo la última página de un bello libro: doy por terminada mi carrera como maestra de primaria. 

Es una profesión que a muchos tal vez les parezca ingrata y a otros demasiado modesta, pero para los que la ejercemos con vocación y cariño, se convierte en una razón más de nuestra existencia, en un apostolado.

Si hoy me despido de mi profesión, de mi escuela y de mis niños, es porque mi salud así me lo exige. Pero me voy satisfecha y contenta porque durante mis treinta años de servicio tuve el privilegio de enseñarles a muchos sus primeras letras. Además, siempre traté de inculcarles que:

  1. Fueran buenos hijos y estudiantes.

  2. Se superaran siempre.

  3. Se alejaran de los vicios.

  4. Amaran a su patria.

Para que más tarde, ya convertidos en hombres y mujeres, fueran útiles a su familia y a la sociedad. 

Cuando fui regañona y enérgica, lo hice para ayudar a los padres en la formación del carácter y los buenos hábitos de los niños.

No les digo adiós porque esa palabra no se le dice a los amigos. Les digo hasta luego, hasta pronto, porque ustedes ocupan un lugar especial en mi corazón. 

A cada uno les deseo éxito y prosperidad en todo lo que emprendan y los invito a que en cada oportunidad que se nos presente, pongamos nuestro grano de arena para ayudar a engrandecer a nuestra patria. Muchas gracias».

Así se despidió de su profesión en 1983, la maestra Otilia Nieto viuda de Miranda, que como muchos de su gremio es fiel miembro de las filas evangélicas mexicanas. Y con un beso a sus alumnos les expresó: «Gracias, niños, por su compañía, por sus risas, por sus travesuras, por su obediencia y su cariño. Nunca los olvidaré».

Maestros, ¡los saludamos! Sin sus cuidados no seríamos lo que somos hoy. Esperamos todo lo mejor para ustedes en el día de mañana, en ese día cuando al igual que la maestra Otilia, tendrán que decir: «hasta luego» a su escuela y a los niños que han amado con el sacrificio de su tiempo, de su voz y quizá hasta de su salud. 

¿Han sentido que nadie se da cuenta del valor de su vida y su dedicación? Milamex les dice todo lo contrario. A todos los maestros ¡Gracias!

Tomado de la revista Prisma 17-3


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