3 cosas que aprendí acerca del dolor

Foto por Andrea Hernández

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El dolor sin duda es una alerta. Necesitamos dejar de huir de él y de temerle

Por M. Fernanda Reyes Nava

¿Alguna vez has pasado por una situación tan dolorosa que crees que el final jamás llegará? Puede tratarse de una enfermedad o una herida en el corazón. El dolor casi siempre nos toma por sorpresa, pero con un poco de esfuerzo podemos entender el mensaje que Dios nos quiere dar a través de él. 

Este último año ha representado una etapa difícil para mí, principalmente porque me había negado a hacerle frente a cosas que me habían lastimado. Toda mi vida había sido así; cuando tenía un malestar en el cuerpo, lo ignoraba hasta que pasara, pensando que se resolvería solo. De la misma manera pretendí actuar con mi corazón, pero tampoco funcionó. 

Dios me dio la fuerza para dejar de huir y enfrentar el difícil proceso de sanidad. Por eso ahora quiero compartir tres cosas que aprendí sobre el dolor. 

1. Ignorar el dolor no hace que desaparezca. 

Siempre tuve miedo a ser lastimada o a que la ruptura de una relación me hiriera, así que huía de todas las situaciones dolorosas. Era muy fácil no enfrentarlas y hundirme en mis pensamientos, en mi soledad. 

Descubrí que por mucho que ignore y finja que no ocurre nada, el dolor no se va. No es algo que se pueda sepultar sin afrontarlo antes. También aprendí que no tenemos que hacerlo solos. Aun en medio de procesos dolorosos contamos con la bendición de ser acompañados por Dios.

2. El dolor es la expresión del cambio. 

El dolor en la mayoría de las ocasiones es solo es una etapa de transición, no es permanente. Solemos evitar tanto el sufrimiento como los cambios, pero no nos damos cuenta de que se trata de una oportunidad para crecer y acercarnos a Dios. Es parte de un proceso y no el final.

3. El dolor es una alerta. 

Es la forma en la que nuestro cuerpo y corazón nos avisan que algo no se encuentra bien. Necesitamos sentir el dolor para saber cuando nuestros límites están siendo vulnerados y hacer algo al respecto. A veces es la única manera de escuchar lo que aqueja a nuestro cuerpo y lo que siente el corazón.

Durante este tiempo he podido entender cómo sin darnos cuenta arrastramos una lista de heridas que no nos permiten avanzar y que ese miedo nos puede llevar a que más adelante ese dolor sea aún mayor. Algo que en un principio era emocional, puede llegar a afectar nuestra salud física también. 

El dolor sin duda es una alerta. Necesitamos dejar de huir de él y de temerle. Podemos aprender mucho al experimentar esos valles. Así que vivamos esta etapa con valentía, siendo firmes para llegar hasta el final y recordando las amorosas promesas de Dios para nosotros:

“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas” (Isaías 43:2).


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