La principal rival del matrimonio

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Hay hombres que son “niños inmaduros” aunque ya estén casados, cuando hay un problema lo primero que hacen es correr a la casa de su mamá

Por Felipe Güereña A.   

En México, ¿se rinde culto a la madre? Muchos dirían que no, pero tanto psicólogos como sociólogos y religiosos están de acuerdo en que la mayoría de los mexicanos sí observan una especie de culto a sus madres. Además, estos intelectuales están convencidos de que tal culto no beneficia a nadie.

Muchos ni siquiera se dan cuenta de ello, pero este culto ha destruido relaciones matrimoniales que jamás se han vuelto a establecer. Una escena común se observa cuando el marido le grita a su esposa:

—¡Lo primero en esta casa es mi madre, y si no te gusta, te puedes ir!

Aunque no se vaya la esposa, se produce una tremenda herida en sus sentimientos con tales expresiones.

Por otro lado, también se ve este culto cuando se disgustan los esposos y la mujer se refugia inmediatamente en la casa de su madre. Claro, incidentes como éstos tienen efectos negativos tremendos en contra de la estabilidad y felicidad del hogar.

Lo peor que se le puede hacer a un mexicano, por ejemplo, es un insulto a su mamá, ya sea de palabra o por medio de señas. Está listo para defender el honor de su madre en cualquier momento.

Por lo regular en nuestra cultura, es la mamá quien atiende y defiende a los hijos. De hecho, frecuentemente se encuentran papás que piensan que la única obligación natural de la mujer es tener hijos y cuidarlos.

A menudo en un matrimonio el rival principal del cónyuge, es la suegra. Esto sucede porque desde niños se les ha inculcado a los muchachos y muchachas, el lugar privilegiado de la madre en sus vidas. Más tarde, la mamá exige honor, visitas, consultas, sostén, atención y regalos, de parte de sus hijos. Los hijos por su lado están dispuestos a darle todo a su mamá aunque ello provoque conflictos en su matrimonio.

En cierto sentido, se produce un círculo vicioso. Los hombres muchas veces no ofrecen amistad y compañerismo a sus mujeres; algunos hasta son desobligados o infieles. Los hijos viendo la tristeza de la mamá, quieren hacer todo lo posible por inyectar un poco de alegría en la vida de su progenitora. Más tarde, ya casados, los hombres siguen inconscientemente el ejemplo de su padre y ahora son sus hijos los que quieren hacer algo para alegrar a sus mamás.

Se han dado casos, incluso, de esposos que colocan en su casa una foto de su madre más grande que la de su esposa. Por supuesto, esto se convierte en un punto de celos para la esposa. En el Día de las Madres, muchas veces para el esposo cuenta más su mamá que su mujer, olvidándose que ella también es madre y necesita estímulo.

Hay hombres que son “niños inmaduros” aunque ya estén casados, que cuando hay un problema lo primero que hacen es correr a la casa de su mamá, aunque estos asuntos deberían resolverse entre marido y mujer, sin la intervención de la suegra. Naturalmente, tal actitud no inspira ninguna confianza en su esposa, por más comprensiva e inteligente que sea.

Por su parte, en muchas ocasiones las esposas le dan más importancia a su propia mamá y a las opiniones que ella tiene, que a su esposo. Hay muchos chistes al respecto, pero es una triste realidad. Claro que las mamás deben ser respetadas y cuidadas, pero en la vida de los casados, el cónyuge debe ocupar el lugar privilegiado.

San Pablo enseñó: "Como dicen las Escrituras: «El hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo». Eso es un gran misterio, pero ilustra la manera en que Cristo y la iglesia son uno. Por eso les repito: cada hombre debe amar a su esposa como se ama a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido" (Efesios 5:31-33 NTV).

Es un mandamiento bíblico que los esposos deben amar a sus mujeres así como Cristo amó a la Iglesia y las esposas deben respetar a sus maridos. Los que no hacen esto, no están cumpliendo con Dios. El mismo amor que hace que uno deje a su padre y a su madre para casarse, debe ser el amor que mantenga firme al matrimonio. ¡Demos a nuestro cónyuge su lugar correcto, desde el primer momento de formar un nuevo hogar!

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