La juventud no es para siempre

Necesitamos demostrar la belleza de la vejez, pues es parte de toda esa sinfonía del género humano

Por Marco Antonio Aguilar Sánchez

Mucho se habla de temas como el espacio, la familia, la cocina. A diario escuchamos de violencia, política y descubrimientos científicos, pero ¿quién habla de la vejez?

Millones de hombres y mujeres que conservan un razonable índice de salud, son marginados por la sociedad simplemente debido a su edad y comienzan a ser tratados con una pseudocaridad ofensiva cuando todavía poseen la capacidad de discernir. El mundo continúa su curso, el hombre joven desplaza con su vitalidad y nuevos conocimientos a la persona mayor en su trabajo y en su ámbito social.

En la actualidad, nuestra sociedad dentro de sus anomalías rinde un culto a la juventud utilizando esta etapa de la vida como la más bella, limitando nuestra mente y sentidos el concepto de estética.

Cuerpos definidos, altivez y tamaño de ojos, estatura y color adecuados son requisitos de esta falsa estética, que fuera de estos se llaman: obsoletos, despreciables o feos. Tanto daño ha causado, que miles de personas buscan remedios para mantener su "eterna juventud”. Por esto la vejez ha dejado de parecer bella.

Buscar en las canciones expresiones de la vejez, es encontrar mayormente canciones a la mujer, al amor, a la flor y a la vida. Diversos géneros literarios expresan en su mayoría la última etapa de la vida que también es bella.

Las arrugas son bellas. expresan miles de alegrías y dolores. Sus profundidades y cantidades son resultado de un sinfín de emociones. Las canas son bellas, son el velo blanco que cubre la siega de un medio siglo de siembra lograda.

Es todo un arte la silueta temblorosa y encorvada observada a la luz de la luna. Demuestra que la vida es un arte. Domina a los fuertes y al valor. Haber vivido tiene fruto: la paciencia demostrada en su lento caminar.

Recuerdo a la abuela en vísperas de Navidad  peinándose frente al espejo. Mientras la observaba me contestaba: “Estoy poniéndome bonita, estas canas necesitan su peinada”.

Una anciana de la Iglesia llamada Margarita, de 104 años y con buen apetito, en una ocasión dijo: “Necesito comer para conservar este buen gabazo del siglo pasado”. Ellos tienen alegría y sentimiento.

Los científicos no esperan poder detener el proceso de envejecimiento, no obstante consideran que es posible volverlo más lento. Los adultos hacen lo imposible por diferentes medios para “no parecer viejos”: pintándose el pelo o estirándose la piel. Reniegan de su nueva vejez sin saber que vivir esta época es todo un logro. Es haber llegado a la cima, la única a la que se llega solo.

En Rusia y Alemania existen granjas para viejos que rebasan el siglo de existencia, por medio de la geriatría. El logro no es la cantidad de años, es mantener la calidad en el viejo, su estética conservadora y frágil, dispuesta a ayudar.

Podemos ahora prepararnos para esta etapa bella de la vida. Necesitamos saber demostrar la belleza de la vejez. Los viejos que mantengan y muestren que su vida es parte de toda esa sinfonía del género humano, se sentirán orgullosos.

Es cierto, habrá temores en lo alto y tropezones en el camino y florecerá el almendro y se pondrá pesada la langosta y dará su fruto la alcaparra, porque el hombre va a su eterna morada.

El proceso de envejecimiento se acelera cuando ya no hay razones para conservarse joven y decir que la vejez no es bella, es dar cabida al resquebrajamiento que hoy como nunca antes, sufre la dignidad humana.

Respetarlos, escucharlos y disfrutarlos con su edad, es hermoso. Porque ser viejo también es bello.

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