Los misteriosos caminos de Dios

Una "diosidencia" que trajo muchos años de fruto al Evangelio

Adaptado del libro de James Dobson, Cuando lo que hace Dios no tiene sentido

La pareja estaba muy enamorada pero no tenía dinero para casarse. Un día invitaron al novio a ayudar en una campaña evangelística en otra ciudad, y decidieron que era la oportunidad para costear la luna de miel, así que tuvieron la ceremonia —muy sencilla, por cierto— y partieron por tren. 

Pero al llegar al hotel donde pensaban quedarse, ya no estaba en servicio. ¿Qué hacer? ¿Por qué Dios no los había guiado? Le habían pedido su bendición. Salieron a la carretera y pidieron un aventón, porque no les alcanzaba el dinero para otro transporte.  

La persona que los recogió simpatizó con su dilema y les comentó que cerca de allí una señora rentaba cuartos baratos, así que por cinco dólares alquilaron un lugar.  

El joven esposo tocaba el trombón y la esposa el piano. Al escucharlos practicar su música, la dueña de la casa se dio cuenta que eran cristianos y les consiguió una invitación para quedarse con una familia, gratis. Poco después, el anfitrión mencionó que un evangelista joven predicaría en un centro cristiano de conferencias cerca de allí y los invitó a asistir. 

¡Oh sorpresa! La persona que debía dirigir la música estaba enferma y alguien sugirió que aquel desconocido novio lo sustituyera. Así fue como Billy Graham y Cliff Barrows se conocieron y el resto es historia. Fueron compañeros inseparables en el ministerio internacional durante décadas. ¡Dios tenía todo planeado! 

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